Para muchos el agua es un medio de transporte para otros solo hidratación, pero para Raga el agua representa su medio de expresión deportiva. Simplemente no pretende medir fuerzas sino sentir que pertenece a ese ambiente tan impredecible y misterioso como es el océano. A lo largo de su trayectoria siempre ha demostrado mayor inclinación por los deportes acuáticos, como muestra tenemos todas las disciplinas que ha desarrollado en el medio, las cuales siempre estuvieron marcadas por la pasión, dedicación y constancia.

Fue entonces cuando se embarcó en su primer proyecto, su destino: la Isla de Margarita, el punto de partida: la Península de Araya en la localidad de El Morro de Chacopata en el Estado Sucre. La inexperiencia mezclada con emociones palpables, el riesgo de depender sólo de la naturaleza y sus condiciones, el sentir miedo e inquietud, nata en el hombre al enfrentarse al inmenso mar, son algunas de las percepciones que nos trasmite la mirada de Raga al recordar y narrar el cruce.

Es así como el 31 de agosto de 2002, frente a un mar arisco decide jugársela y emprende su travesía, las condiciones habían cambiado; a pesar del apoyo de su entrenador y su equipo, estaba solo, era el ejecutor del proyecto; la ruta tuvo puntos difíciles, el oleaje impedía su avance en un grado óptimo, logrando un desvío de alrededor cinco kilómetros (5km), obligando a Raga a hacer un esfuerzo extra, traducido en un desgaste físico y mental no previsto; en este punto quiso delegar la decisión de continuar en su entrenador, pero ambos sabían hacia dónde querían llegar y cómo hacerlo, era el momento de demostrar de qué estaban hechos y continuaron.

Luego de 12 horas, 11 minutos y 53 segundos de recorrido y suficiente tiempo para pensar, alcanzó la meta y pisó tierra firme en Nueva Esparta, específicamente en Playa La Isleta, con un total aproximado de veintiocho kilómetros (28km) recorridos. Esta hazaña lo convirtió en el segundo venezolano en cruzar a nado el estrecho que separa el continente de la perla del Caribe. La euforia, las risas y los abrazos acompañados de lágrimas le permitieron terminar de asimilar todo: lo había logrado, ya el cansancio había pasado a un segundo plano y la luz del sol comenzaba a ponerse en el horizonte que acababa de cruzar nadando.

Su aprendizaje: “el nadar en aguas abiertas puede tener un sentido ambiguo, puede pasar de ser la experiencia más relajante a la más estresante; tu estado físico y mental te pueden manejar con más facilidad; se desarrolla una importante conexión hombre-espíritu-ambiente; aprendes a no buscar demostrar superioridad, simplemente aceptas que hay elementos, como el agua en este caso, que forman parte de ti.”

Su credo: No rendirse. Continuar en la búsqueda de expandir los espacios de la espiritualidad para el equilibrio. No perder la fe en Dios ni en ti mismo.